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Mi Primer Concierto

En esta ocasión les contaré una pequeña anécdota de esos “momentos especiales” en los que se da paso al crecimiento de un niño, en los que comienza la transición donde no les gustan las cosas de “niñitos” pero no son “grandes” tampoco.

Mi hijo José Alberto tiene 11 años. En años anteriores me había pedido ir a conciertos, pero yo consideraba que era inapropiado para un niño tan pequeño. ¿Por qué? Porque me daba temor que creciera pensando que todo se lo merece, a pesar de que se le habla bastante sobre el tema y nuestra situación como familia monoparental.

Este año, se le cumplió el deseo. Había ahorrado suficiente en su mesada para comprar su boleto, el concierto era un domingo [Así que no tendría que salir matándome del trabajo para buscarlo] y aunque era antes de comenzar el colegio, él entraba el martes así que tuvo un día entero para reponerse. Bueno, compramos los boletos y esperamos lo mejor. Ya me parecía que estaba lo suficientemente grande para asistir a un concierto.

Llegamos una hora antes de que abrieran las puertas, mi hijo me decía exagerada y yo realmente estaba siendo muy confiada, detesto no tener donde estacionarme. Hubo un sol de verano maravilloso y achicharrador, la fila que nos tocaba era larguísima. Lo que si le aclaré desde el inicio es que no iba a comprar ningún producto profesional y estaba tan contento que no hubo queja. Unas amiguitas de su colegio lo fueron a saludar y las ignoró un poco [Esa extraña etapa en algunos, en la que no quieren mucha cosa con las niñas] Entramos sin mayor contratiempo, escogimos un puesto sensacional, mirábamos derechito a la tarima. En este momento, José Alberto se puso hablantín, bailaba porque había música de discoteca y estaba en buen ambiente; anunciaron al artista invitado y pegó un brinco indicando que la música estaba mejor. Era su primer artista en vivo. Nada como ir a Disney y ver los personajes, no esto es otra cosa, otro tipo de magia. Uno de los artistas nacionales tiene una canción alusiva al Mundial de Fútbol a realizarse este año en Rusia, repartieron banderías y ¡WAO!   José Alberto me decía: Mamá, ¡Baila!, les confieso que quería llorar ese momento de mamita en el que ves a tu pequeñito desenvolviéndose como un niño más grande, en su espacio feliz y que disfruta compartiendo contigo.

Bailamos juntos toda la distancia, cantamos gritamos, y bueno, las canciones que no nos sabíamos las buscamos para poder cantarlas también. Fue maravilloso. Ya no es un niño pequeño, me encanta saber que estoy criando a un niño feliz. Decimos siempre que deseamos verlos por un huequito, bueno yo lo vi ser feliz en vivo y en directo.

Al terminar, me besó y me llevó de la mano hasta el auto, me “escoltó” como mi caballero personal. Poco antes de dormir me dijo, “te amo mamá, tú eres la única con la que puedo hablar”.  Y no les puedo explicar las mariposas, conejos y ardillas que sentí. Criar un hijo no es lo mismo que tener una mascota, es tantas cosas serias al mismo tiempo y también es ser su compañía; aunque no eran mis cantantes favoritos y soy muy tacaña para los conciertos, lo viví. Disfruté como nunca, bailé sin que me importara quién me veía, grité como si hubiese visto a Justin Timberlake o a Bruno Mars y me desconecté del mundo, sin embargo, conecté con mi hijo. Atesoro mucho esos momentos que tengo para estrechar lazos con mi hijo.

¿Y a ti, qué te ayuda a mantener la relación divertida con tus pre adolescentes?

Niki

Mi Primer Concierto

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