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Madre Soltera Soy

Siempre soñé con ser mamá. Tenía cada detalle planeado, sin espacio a errores, ni a cambios; sin espacio a otros planes que no fueran los míos. En el camino, por un corazón roto, dejé de ser tan cuidadosa con mi plan y pensé “soy joven, vamos a divertirnos”; recién entrando a mi segundo año de universidad, quedé embarazada.  Espera un momento, pero ¿Y mi plan? La realidad es que perdí de vista la meta, perdí de vista el amor propio y el respeto por corresponder un afecto loco.

Luego de salir encinta, tratamos de continuar una relación, pero es que ¿Qué relación podemos tener si no nos conocemos? ¡No nos queremos, no hemos compartido suficiente! Y di todo de mi para lograrlo y enderezar mi metida de pata.  Allí conocí el dolor y la amargura; conocí la vergüenza de aceptar que mi equivocación no tenía marcha atrás y que no importaban mis discursos de niña sabia, salí encinta igual que todas las demás niñas que tal vez no tenían educación o que jugaban a ser dueñas de su sexualidad. Conocí el vacío de enfrentarme a un embarazo con el apoyo de mi familia, pero sola. De ir a la universidad encinta para graduarme como premio de consolación a mi esfuerzo, pero sin una familia para mi hijo.

En secundaria viví experiencias con chicas del colegio que abortaron, que hacían toda clase de locuras para evitar la consecuencia de su mala planificación, del clásico “eso no me va a pasar a mí”. Pensé por mucho tiempo que yo por guardarme era mejor. No conocía a Dios en ese momento, pero si tenía temor de Dios y respeto a la vida. Bueno, y de mi mamá también, pero no temor porque me pudiese hacer daño o abandonarme a mis malas decisiones, sino del dolor de ver la desilusión en su mirada, le fallé a ella, me fallé a mí y le fallé a mi hijo sin conocerlo. Tanto quise escapar de ti madre mía, que esta consecuencia, que ahora entiendo es nuestra bendición es lo que más nos une. El amor, el apoyo, el ánimo y las noches en vela de una madre le dan esperanza a este mundo. Recuerdo claramente cuando en mi cuarto conversando, llenos de incertidumbre y pánico me comentó el padre de mi hijo: “No podemos hacer esto”, lo miré y le contesté: “No sé qué vas a hacer tú, pero yo sí puedo.”  Y así ha sido hasta el día de hoy.

Recién dada la noticia me caí un día caminando, tuve un desprendimiento de placenta. Pasamos del asombro de la novedad al reposo total y rezar para que mi angelito se quedara conmigo. Mi enfoque regresó, tenía una nueva meta; demostrar que si se podía. Así como se me perfilaba un gran futuro antes de salir embarazada, seguiría teniendo un gran futuro siendo profesional y madre soltera. A pesar de las noches sin dormir, las infidelidades de todo tipo, de lo abandonada que me sentía al no tener una familia, terminé la universidad. Subí muchísimo de peso, me comí cada uno de mis sentimientos por años. He ganado mi propia aceptación y mientras ella aumenta, las libras se van, recobrando así la agilidad para jugar, correr y apoyar a mi hombrecito.

Hoy solo me duelen las oportunidades que no tomé, pero no las pienso, solo me concentro en no perder ni una sola oportunidad más por el qué dirán. He sanado y disfruto cada día. Reconozco que no es fácil, que dentro de aceptar mi realidad y dejar atrás la vergüenza, he tenido un apoyo inimaginable por parte de mis padres, de los abuelos paternos de mi hijo que son como mis segundos padres, porque han cuidado de mí en todo momento. El dolor no se mide, ni se compara; pero a través de esos años sufrí más de lo que imaginé. Cuando finalmente dejé de pensar en mis planes y poco a poco entré a la voluntad de Dios, entonces pude comenzar a sanar.

No puedo curarle el dolor ni la soledad a nadie, pero te puedo decir hoy con certeza de que eres una madre hecha a la medida de tu hijo, de que naciste el día que diste a luz, que por fuerte que sean las pruebas saldrás bien librada. Hoy te puedo decir que Dios existe, porque secó cada una de mis lágrimas. Te puedo decir que, si se puede ser profesional, tener una buena imagen, ser mujer y ser la mejor madre para tu hijo.  Mi hijo está por cumplir 11 años, tuvo una niñez hermosa y está en una etapa en la que pronto será un adolescente; no hubo manual para atender un bebé, tampoco hay un manual para atender un adolescente generación Z.

Madre Soltera Soy
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3 thoughts on “Madre Soltera Soy

  • October 22, 2017 at 7:12 pm
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    Enhorabuena Niki, por tu valentía, por cumplir con los planes de Dios aunque no fuesen inicialmente los tuyos, por contarlo y ser ejemplo, buen ejemplo, para muchos. Te deseo lo mejor. ¡Mucho ánimo!
    Un saludo

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    • December 6, 2017 at 4:10 pm
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      Muchas gracias Ana por tus palabras. Es para mi un logro poder contarlo con las heridas ya curadas. Un abrazo!

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  • January 14, 2018 at 9:53 am
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    La palabra es clara. Todo lo podemos en Cristo que nos fortalece. Todoooooo! Que lindo Niki, adelante que Dios es fiel!

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