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Le Pedí a Dios…21K

La gente “normal” pide dinero, menos problemas, carros, cosas materiales. Yo como mujer soltera, si…soltera hace 11 años siempre he pedido un esposo católico, luego le agregué catecúmeno y que quiera ir en misión. Un día cuando como cebolla poco a poco el Señor había ido pelando mis problemas, descubrí algo un poco tonto, obvio, pero bueno soy lentita en algunas conclusiones. Descubrí que NO NECESITO UN ESPOSO. Lo quiero, pero si no llega mi vida no se va a acabar en la “agridulce” espera.  Descubrí que en lugar de pedirle tantas cosas para que este sea el hombre perfecto, yo debía prepararme para ser la esposa, una esposa como Mamá María. Decidí que mi meta ilusa de correr 5k era grande para mi, pero si todas mis compañeras podían correr 21k, ¿Por qué yo tenía que quedarme a ver solamente?

Ok, yo sé, La Virgen María no andaba por allí corriendo, pero correr me acerca a ella y es como un termómetro para saber cuánta falta me hace cuando el mundo me va jalando. Le pedí al Señor correr 21k. Está de más decir que tenía PANICO, así como en ¡Me dio todo lo que necesitaba para lograrlo! Me permitió aceptarme, no ver diferencias que si mis compañeras son delgadas o yo aún cargo 60 lbs de sobrepeso. Me concedió los medios para comprar mis zapatillas, mis medias de compresión, los masajes y la crioterapia, mis lentes, la visera, ropa que no me molestara, pagar el hotel y encima que una de mis mejores amigas me acompañara. Me concedió dos coaches todo terreno y un poco más, un club que siempre se alegra de mis logros. Me concedió nunca lesionarme en ese entrenamiento, ni después.  ¡Qué dichosa soy! Y por si fuera poco me concedió también no compararme, cada mujer fuerte que corre tiene su camino y su meta; no es la misma, no te mates solo llega a la tuya, pero no te conformes con menos, siempre pide más.

No pedí cualquier 21k, pedí los de San Isidro. Yo ni siquiera voy al interior, ¿Dónde queda eso? Comencé por buscar un mapa, ver la tarifa en el hotel, investigar qué tenía que hacer. Todo iba bien, las últimas 3 semanas de todo me pasó. Como soy más lenta, los días de distancias largas en la semana me tocaba ir a las 3 o 4 am a la Cinta Costera yo sola. Un día llegué fuerte, concentrada y al llegar justo a la mitad del tramo marino se fue la luz. ¡Claro, se va la luz! O sea…me dio tanto miedo que lloré todo el retorno, sentí miedo, sentí que se caía el puente, que había cocodrilos y tiburones. ¿En serio Niki? ¿Cocodrilos y tiburones en el mismo lugar? Bueno yo nunca he tenido una fobia, pero si así se siente, es horrible. Regresé más rápido que ligero al kilómetro cero, me subí a mi carro y me fui. Me enfermé, hubo estrés en el trabajo, en la escuela de José. ¡CAOS! Después de semanas de entrenar 6 días, pasé a de a mala 2.

Ya lo había pagado todo, así que empaqué mis temores en la maleta y me fui al Cubitá. El roadtrip fue muy ameno, no estaba sola. Los abuelos de mi hijo estaban muy pendientes. Ellos son corredores y me han dado excelentes tips. De hecho, una tía/abuela de mi hijo es Ultra Maratonista. Wait, ¿Qué es eso? Concentrémonos en los 21k y luego pasamos a esos temas mayores. Me flatee varias veces en el camino, ¡La ambulancia venía detrás de mi y no es relajo tengo fotos que lo prueban! Los chicos estaban deseosos de que me subiera llegar rápido a la Hacienda a comer. Hubo una parte que el sol era inclemente, canté salmos toda la distancia y cada una de mis oraciones durante esos larguísimos 21 kilómetros fue respondida al segundo.

Llegué de última. ÚLTIMA. Así tan última que se radiaban los chicos de logísitica: “ya va llegando”, “falta poco”, “ella puede”. Me dieron ánimo aunque dudaron un poco. A medida que me acercaba, me di cuenta de que me estaban esperando, no iba a pasar desapercibida. Hubo música, aplausos, gritos, muchísima emoción. Han pasado meses pero solo recordar ese justo momento me pone a correr por unos kleneex. Esto mujer, esto mamá, esto es el motivo por el que corremos. Unas más lento, otras más rápido. Siempre habrá un pero o una excusa para el entrenamiento pero lo que estás entrenando no son las piernas, es la mente. La mente de creerte capaz de lograr lo que te propones, la mente que trata todo el tiempo de convencerte que no hay gloria al terminar, la mente para vencer esos estereotipos ilógicos de que por gorda no puedes hacer tal y cual cosa. ¿Y es que las gordas no somos exitosas? ¿Y es que las gordas no soñamos?

Terminé en 3 horas y 40 minutos. En esta Navidad le pido al Señor poder completar por lo menos 3 carreras de 21km para este 2018. Le pido que a San Isidro me pueda acompañar mi familia, pero sobretodo que no maneje mi papá (no llegaremos nunca).

Nos vemos, es hora de entrenar.

Saludos,

Niki

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