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Contigo, Comienza La Crianza Respetuosa

Querida Niki:

Por la forma en que se dieron las cosas durante mi embarazo y este proceso de la maternidad, yo no investigué mucho, no leí muchos libros y no leí mucho en Internet tampoco. Pensé que era de instinto solamente y aunque, en efecto el instinto juega un papel muy importante es necesario tener más herramientas. Hoy quiero celebrar compartiéndote las herramientas que he ganado con la Disciplina Positiva desde que la conocí. Vivir bajo esta filosofía es un proceso, no un suceso, como muchas cosas en nuestra vida; requiere esfuerzo y constancia, luego de esto verás resultados.

 

Parto diciéndote qué es para mí disciplina positiva. Es una filosofía de vida, que inició con Alfred Adler, psiquiatra austriaco a principios del siglo 20; Adler creía que el comportamiento humano se basa en el deseo de mejorar, que todos los seres humanos, incluidos los niños son merecedores de respeto y dignidad.  Rudolph Dreikurs, seguidor de Adler, realizó trabajos sobre la psicología Adleriana, poniendo así en práctica el trabajo inicial de Adler.  Esta obra de Adler y Dreikurs, fue adaptada y ampliada por Jane Nelsen y Lynn Lott para cubrir las necesidades de las familias y escuelas; comenzaron a enseñar a padres y maestros en talleres vivenciales a desarrollar habilidades para realizar un rol más eficiente.

Ahora bien, ¿Qué es tratar a un niño con respecto, que no estemos haciendo ya? Pues sencillo, se les impone en lugar de involucrarlos. Y algunos dirán: “Pero son niños, ellos no saben”, es correcto, por este motivo es que debemos generar en ellos habilidades, capacidad de análisis, toma de decisiones y análisis de las consecuencias lógicas y naturales. Utilizamos el castigo como medio para generar miedo, respeto y la certeza de que no repetirá el “error”; se utiliza para causar daño, porque “así se aprende”, cuando todo lo contrario, el cerebro de un niño no aprende nada en medio de miedo, llanto o dolor. Para educar en base al respeto debe haber comunicación, las instrucciones deben ser claras, debe haber empatía y conexión. Los niños al nacer, no conocen de sentimientos y a lo largo de su educación es importante ayudarlos a interpretar lo que sienten verbalmente: ira, alegría, frustración, tristeza, miedo.

Te dejo algunas claves que me han funcionado de maravilla como estrategia de crianza:

  • Establecer rutinas, crea hábitos. Los hábitos te ayudarán a cumplir con las cosas básicas, el niño y tú se acostumbrarán y dejarán sin poder esas grandes discusiones sobre la hora de dormir, los arreglos del colegio y las tareas.

 

  • Mantener el control. Tú eres el adulto, tú tienes capacidad de controlarte, de analizar y de escoger tus batallas. Piensa en los gritos y el drama como balas, no dispares por cualquier cosa.

 

  • Critica la acción solamente. Si ha hecho algo que no está bien, no los condenes por una acción, ni aunque sea repetitiva. “Nunca recoges la ropa, tú nunca puedes hacer nada”. Marca toda la vida y precisamente por ser por algo tan efímero no debería dejar huellas negativas.

 

  • Preguntar en lugar de ordenar. Toma en consideración a tu hijo y sus intereses. Realmente no me importa muchísimo Fornite o lo que sea que esté jugando, pero para él es importante. José, ¿Podrías recoger la ropa? No me hace menos mamá preguntar, saber qué piensa y de no querer hacerlo ¿por qué no? El respeto se basa en que, aunque los papás somos los guías y lideramos el batallón, no somos sus jefes, les damos espacio a opinar. Ahora bien, eso no quiere decir que se hará todo lo que ellos quieren, pero que se sentirán escuchados y habrá una conexión, sin dramas.

 

  • No grites. Son múltiples las investigaciones que nos recalcan que los gritos no educan, solo causan aun comportamiento destructivo. Desesperan, sacan a la otra persona de su paz, ¿te gusta que te griten? Entonces ¿por qué gritarle a un niño? En algún momento has tenido un jefe que todo te lo pedía gritando o de mala manera, bueno imagina cómo se siente un niño. Mientras más gritas, más te ignoran, menos conectan.

 

  • Anticipa. Crecí escuchando que los niños no tenían que saberlo todo, como adulto si no me “preparas” para lo que viene tiendo a ponerme a la defensiva. Cuéntales pequeños detalles, prepárate para situaciones que pueden desencadenar un caos, pero está preparada para afrontarlos de la mejor manera. Por ejemplo:  Este fin de semana es pesado, casi no habrá tiempo para hacer la tarea y son mandados de adulto a tu preadolescente no le interesan. Le dices: José, este fin de semana tenemos muchas actividades, va a ser cansón, pero trabajemos en equipo para que salga lo mejor posible; comencemos con la tarea el viernes en lugar de dejarla para el domingo, así el domingo cuando terminamos podremos venir a casa a descansar.   Se va a cansar, se va a quejar posiblemente, pero sabrá qué esperas de él y cuál es la meta.

 

  • Da el ejemplo en casa. Los niños no son mini adultos y ni siquiera los adultos cumplimos con todo lo que se espera de nosotros. No somos perfectos, somos humanos; sin embargo, el ejemplo te llevará lejos. ¿Por qué? Porque se volverá un hábito y eso si permanece en nosotros. Esperamos que sean mejores que nosotros, entonces debemos ponerle esfuerzo a ser coherentes con lo que predicamos.

Es posible que algunas cosas te suenen muy raras, porque llevamos demasiado tiempo viviendo en una cultura de autoridad. Si no ejerzo fuerza entonces soy débil. “Los niños tienen que saber quién manda” “Ellos no tienen derecho a opinar” “¿Para qué quiero saber lo que ellos piensan?”. La realidad es que el mundo al que nos enfrentamos nosotros no es nada como el mundo al que se están enfrentando nuestros hijos y necesitan otras competencias. Nosotros somos los adultos y los encargados de desarrollarlas en nosotros para evolucionar y desarrollarlas en ellos para que puedan vivir en paz. Recuerda, un día a la vez, una situación a la vez. ¡Eres un éxito de mamá haciendo lo mejor por tu hijo!

Contigo, Comienza La Crianza Respetuosa

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