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El Daño de Tus Palabras

Es curioso como aquellas personas que nos aman, nos hieren con sus palabras y hasta con su forma de brindarnos afecto. Puede ser alguien que vive contigo, o todos los que viven contigo. Pueden ser tus amigas del colegio, o tu mejor amiga…o tal vez esa chica que admiras que crees que es popular. Puede ser ese novio que te encontraste para matar la soledad. Tu madre que te critica para que seas mejor que ella o tu padre que te protege para que no sufras. Toda la generación pasada y la anterior a esa, todo el que sea criado en esa misma línea de “hacernos fuertes” sin matar los prejuicios y malos hábitos que venimos cargando mientras aprendemos a vivir. Una generación no es mejor que otra, es diferente; si creo que mucho tenemos que aprender de la anterior y que mucho de lo bueno se ha perdido.

“Te lo digo porque te amo”, para anestesiar una realidad que puede ser cierta pero está mal comunicada. Cada frase que tenga este tono es como un pequeño puñal, y sabes que lo que digan después de allí será sal y pimienta. Esta realidad, esta situación (llámese obesidad, enfermedad, infidelidad, gustos diferentes), no necesitas hacerla más evidente, más cruda, yo la siento, la vivo y ME DUELE.  “Es que tengo el autoestima alta y por eso no me importa”, no te importa el qué dirán pero en el fondo el ser humano le tiene miedo a la muerte, ninguna de nosotras quiere sufrir de cirrosis, de infartos, de embolias pulmonares, de infertilidad, cáncer, tiroides o diabetes; la lista de enfermedades relacionadas a la obesidad sigue.  Mi papá normalmente me decía “no te comas eso que te vas a engordar” justo cuando él llegaba a casa con un pan de dulce, o  tenía el bocado a medio camino. Llegó el punto que mientras más me lo decía más comía…como si fuera de “maldad” pero al final la jodida era yo. Yo porque me dolía que “nadie” me ayudaba a luchar contra mi ansiedad, mi adicción a los dulces;  yo porque la que se subió una libra más por ese bocado fui yo.  Tal vez, él no me protegió con la forma de hacer su comentario, tal vez me hirió más pero físicamente la que seguía haciéndose daño era yo misma. Mi mamá me decía “si no comes lechuga nunca vas a bajar” Y la lechuga salvadora es el vegetal que más detesto…todos en la casa comen lechuga pero nadie es esbelto. Hace unos días en Año Nuevo pasó una tía mayor por mi cuarto mientras me tomaba un sorbo de soda para tomarme un medicamento y me dijo “pero cómo tragas”, porque ya habíamos terminado de cenar. Con la diferencia de que ya no me hace, ya sé cómo controlarlo, pero soy humana no se pasen! Correr me ha dado…(¡y vuelve con eso!) Pues sí, correr me ha dado poderes mentales jajaja por decirlo de alguna manera. Puedo controlar lo que quiero, lo que pienso, lo que evito y a priorizar. Todavía patino pero ya sé cómo restarle poder y sobretodo cómo no repetir estos comentarios hirientes con mi hijo, mis sobrinos.

Cuánto daño podemos hacerle a un niño, a mi hijo igual que a mí, nos encanta el dulce. Los postres, los helados, los panes; carbohidratos, azúcar y grasa en sus mejores exposiciones. Sin embargo, cuando le toca ir donde su familia, evita a toda costa comerse un postre, comer del todo. Yo siempre posteo fotos de sus postres, obras de arte con crema batida y los comentarios que él escucha frecuentemente son “comes puras porquerías”, “así no vas a crecer”, “estás gordo”. Es un niño de 10 años, saludable, con debilidad por los postres pero amor por el futbol y los deportes. José Alberto tiene hoy una mamá que posee conocimiento y sanó las heridas que pudo y sigue batallando por sanar las que puedan quedar. Preparo mis snacks y comidas a diario, solo tolero el chayote y el brócoli, cocino con poca sal, utilizo condimentos sin gluten ni glutamato de sodio; en resumen, me estoy cuidando y reaprendiendo a alimentarme. Hoy batallo contra las secuelas de ese “bullying amoroso” que tiene años ocurriendo y yo no me daba cuenta.

Para y pasar la página es importante sanar, cerrar la cicatriz y la única manera que conozco de lidiar con esto es enfrentando a las personas específicas que te hacen daño. Estas personas pueden estar contentas o no creer en  ti pero sus comentarios lo dañan todo, dañan tu motivación  y te hacen recaer. “¿Para qué estoy haciendo esto si voy a volver a engordar?”, “Tiene razón no voy a poder”. Aún peor, estas personas te comparan!  Descubrí, que las palabras te marcan, te estancan y se ríen de ti si lo permites. En mi caso es obesidad, en muchos hogares pasa…a niños que se les dice que si lloran son mariquitas fomentando el machismo, a niñas diciéndoles que no pueden jugar con carritos porque eso es de niños y les creamos la barrera del sexismo, un sinfín de situaciones. Vivimos en un mundo en el que los problemas se solucionan en casa porque al psicólogo van los locos. Adivina qué? Si tenemos muchos enfermos mentales en nuestra sociedad y este pensamiento evita que estas personas vayan a atenderse. Necesitamos pasar  a especialistas cuando no podemos con lo que nos sucede. Pero tenemos que desear cambiar, mejorar, sanar para que el cambio se pueda dar.

Requiere de mucha humildad y fortaleza, sacarla de donde no la ves, pero sí la tienes. El ser humano por naturaleza envidia y le teme a lo diferente, esto se ve muy marcado en nuestro vocabulario y forma de demostrar amor, de corregir, de compartir con otros.  Hay gente que parece nunca tener nada bueno que decir, y todo lo que decimos es reflejo directo de lo que tenemos en nuestro interior.

Look Deeper! Busca qué es lo que te hace daño, supéralo y crece. Si no lo haces por ti, nadie lo hará.

Un abrazo,

Niki

El Daño de Tus Palabras

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