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Curvy desde mi Historia

Por mucho tiempo no entendí esta palabra “curvy” ¿Otra etiqueta? y le tenía muchos sentimientos negativos a lo “plus size”. Veía el creciente movimiento curvy dando pasos fuertes, las modelos rellenitas, algunas obesas y desde mis malos sentimientos pensaba para mi ¿Y por qué glamorizan el ser obeso? Un obeso no puede ser feliz. La ropa me cuesta más dinero, no la consigo en todos lados, muchas veces es fea o de viejita, encima la hacen con moldes de personas altas y yo soy enanísima. Simplemente no me sentía identificada. Hoy me identifico, no porque me haya convertido en una figura curvilínea, ni alta, sino porque soy humana. Tan humana como todas aquellas personas que sufren en silencio de anorexia y de obesidad.  Ahora me pregunto, ¿Por qué no puede un obeso alcanzar la felicidad y la plenitud?

Desde mi historia…siempre he sido gordita. A mis 12 años pesaba 120 libras y no era parte del molde de las niñas de mi edad, estaba gorda. Hoy, a unos días de mis 31 años, quisiera pesar esas 120 libras, pero más allá de lo que pueda pesar me quiero sentir bien y quiero recorrer muchos kilómetros. Desde pequeña fui a varios nutricionistas, ¡No le hice caso a ninguno! Yo era el bicho raro de mi casa, la pasada de peso, la que siempre tenía que cuidarse. Siempre era una lucha que tenía que atravesar sola; ignorar mi sobre peso y continuar con “mi vida” era la mejor opción, hasta que subí tanto de peso que no lo podía ignorar más. Hacer dieta significaba estar marginada a comer hojas verdes mientras los demás eran “normales” comiendo de todo.

Cuando alcancé mi mayor peso, estaba en crisis emocional, de identidad, de valores, de fe, escasez de ambiciones reales. Recuerdo que nació mi hijo y su papá sin haber terminado conmigo ya tenía a otra persona, para cuando se destapó el asunto, esta chica cada vez que podía me decía vaca. ¡No subas a esa vaca a tu carro! Le decía ella. Aún puedo recordar cómo se me encogía el corazón. Una mujer recién salida de una cesárea, sin trabajo, a media universidad con las metas a medias, acompañada pero sola con un bebé. Hasta mi psicóloga me dejó, porque yo no lograba continuar. Mi mejor amiga era la comida, a decir verdad, en esa etapa de mi vida, mi única amiga era la comida.  Han pasado 10 años, finalmente hay paz en mi corazón y poco a poco he logrado hacer las paces conmigo misma. Mi historia no es ni la única ni la peor, pero para cada una de nosotras, es importante aceptar y amar nuestra historia porque es nuestra; son nuestras heridas. Nuestro cuerpo es parte de esta historia, ámalo en todo momento, tu cuerpo puede hacer grandes cosas.

Comprendí en estos años, que las palabras son partícipes del maltrato emocional, de quienes queremos y de los que no nos quieren. Casi todas las palabras relacionadas con el peso, tipo de cuerpo y belleza tienen connotaciones negativas. Ser “curvy” es una actitud, si esta actitud no te describe, utiliza otra palabra que sientas tuya, con la que te identifiques, que sea positiva a tu camino. Acéptala, asúmela y una vez hayas curado tus heridas enfócate en tu salud. La obesidad no es saludable, pero sin temor a equivocarme quien tiene sobrepeso, los que comemos emociones, los que se saltan comidas para entrar en el molde de la sociedad o las expectativas de quienes nos rodean atraviesa conflictos emocionales. Procura cuidar tu mente, tu corazón, tu relación con Dios y sigue, ¡Porque tú puedes! Ser “saludable” no es una meta, es un proceso y un camino largo. Ponte metas realistas, sé constante. No llegaste a ese peso en dos semanas, no esperes bajarlo en dos semanas. Y por último, ama cada parte del proceso, la vida es hoy, no esperes a ser “fit” para ser feliz.

 

Con cariño,

Niki

Curvy desde mi Historia
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2 thoughts on “Curvy desde mi Historia

  • October 13, 2017 at 9:01 pm
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    Las palabras pueden hacer tanto daño dejarte heridas profundas, pero es tan bonito ver como pueden esas palabras que hicieron daño nos sirven para crecer y hacernos más fuertes.

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  • January 14, 2018 at 9:48 am
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    Hermosa reflexión! Doy gracias a Dios que los procesos mientras más dolorosos más belleza sacan de nuestro interior y es allí cuando aflora la mujer que Dios quiere que seamos.

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